Un cementerio judío y un campo de batalla

30 de noviembre de 2008 — Hoy fue nuestro último día en Medina, la localidad del Profeta, antes de proceder a La Meca, el centro de todo el mundo islámico. Mi madre se ha ajustado bien y está comenzando a sobrepasar su fobia a las multitudes. Tuvimos la suerte de hallarnos con mujeres musulmanas amigas que tomaron a mi madre bajo su ala y la han facilitado la agitada vivencia de la región santa. La llevaron a la mezquita con ellos día tras días, puesto que yo sólo puedo acompañarla parte del sendero, a la entrada de la parte de mujeres. Dado que hombres y mujeres oren por separado en el Islam comunmente molesta a los no musulmanes, por eso intentaré argumentar su propósito. Antes que nada, el Islam no es exclusivo en este sentido. En el judaísmo ortodoxo, los hombres y las mujeres además oran por separado, como se puede observar día tras días en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén. Hablamos de una costumbre semítica muy vieja que viene de manera directa de la Biblia y no es ajena a la vivencia judía o cristiana. Pero, ¿cómo se responde a las quejas modernas de los occidentales de que esta costumbre es inherentemente sexista? La respuesta musulmana es sencilla: la oración es un instante de reflexión y contemplación interior, un lapso en el que la energía sexual natural entre hombres y mujeres no debe ser útil como distracción. Esto es especialmente alarmante gracias a la naturaleza íntima de la adoración en el Islam, donde la oración formal radica en una reverencia y postración ritual. Las mujeres musulmanas como mi madre me aseguran que aprecian la división de los sexos en estos instantes, puesto que se sentirían cohibidas y atacables inclinándose con las caras de los hombres viendo a sus traseros desde atrás. Y algún hombre que es honesto y no “políticamente preciso” admitiría que la visión de una mujer arrodillada en tal posición lo despertaría sexualmente. El Islam es una religión que permite la naturaleza humana de la misma forma que es, en vez de esperar que es otra cosa fundamentada en el idealismo o en las ilusiones. En el Islam, el impulso sexual es reconocido como una sección natural de la vivencia humana, una bendición de Dios cuando se canaliza como corresponde, pero que puede degradar la dignidad humana si se deja a los antojos de la lujuria humana. En tanto que varios occidentales estarían en conflicto sobre la base del adoctrinamiento político moderno, yo contrapondría que la vivencia humana habla por sí sola. Cualquier persona que sea el ideal que Occidente quiera imponer a la dinámica masculino-femenina, la realidad de la atracción sexual todavía es cruda e indiscutible en la vivencia humana diaria. Y el objetivo del Islam es tomar a los humanos de la misma forma que son e inspirarlos a ser superiores, en vez de predicar expresiones vacías que nadie sigue en la vida real. De esa forma, el Islam establece una manera costumbre de vivir, en vez de exhortar a los especiales a ser honrados con el servicio de labios e ignorados en la vida día tras día. En cualquier situación, mi madre encontró la empresa de otras mujeres creyentes como una bendición a lo largo de este viaje, y su acompañamiento le dió la fuerza y el valor para combatir el ajetreo períodico e inimaginable apiñamiento en la mezquita del Profeta. Y por eso estoy complacido. A lo largo de nuestro último día en Medina, hicimos un paseo por la localidad y visitamos algunos de sus sitios históricos visibles. Nuestro primer viaje fue a la mezquita de Quba, en los parámetros del sur de la región. Quba fue la primera mezquita construida por el profeta Mahoma cuando dejó La Meca y viajó a Medina para detallar un refugio seguro para sus perseguidos seguidores. Antes de ingresar en la localidad propiamente esa, el profeta se detuvo en Quba, donde construyó la mezquita con sus propias manos, llevando piedras sobre su espalda y trepando por la tierra para poner sus cimientos. Para mí, esa historia siempre me ha servido para recordarme su liderazgo visionario. Reverenciado por sus fieles como el mensajero de Dios, podría sencillamente haber dado órdenes y haberse sentado viendo a la multitud llevar a cabo el trabajo sucio en su nombre. Pero el Profeta comprendió que un verdadero jefe entra en las trincheras con su red social y hace el levantamiento de las cosas difíciles. Fueron chicos actos como éste los que lo hicieron amar a sus fieles y enseñaron su talento natural como estadista. Algo más espectaculares de la mezquita de Quba es la existencia de un g

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