Aspectos negativos de la religión

La siguiente página muestra puntos negativos de diferentes religiones. He dedicado otro sitio a sus puntos positivos, mypracticalphilosophy.com/shelp/pos.htm. No quiero insinuar que todos los creyentes en estas religiones son pésimos o que tienen que ser castigados. Hay gente buena de todas las religiones. Muchas de estas personas se enfocan en los buenos mandamientos de sus religiones y encuentran una forma de reinterpretar o ignorar los pésimos. Lamentablemente hay varios que toman verdaderamente el mando negativo de sus religiones. Tales órdenes tienen la posibilidad de conducir al odio del no fiel y tienen la posibilidad de hacer un círculo vicioso que lleve a más y más odio. Tal intolerancia puede realizarse por medio de adoctrinamientos por semana o más recurrentes en los cultos en las viviendas de culto. Estos inmuebles religiosos están esparcidos por todo el planeta en todas las localidades y pueblos, y en nombre de Dios y de la amabilidad y el cariño, varios adoctrinan siempre a los leales que el no fiel es malo. Esta dicotomía es lo que los hace tan persuasivos y peligrosos. Muchas personas se siente atraída por la religión porque predica amabilidad y amor, pero se les enseña que el no fiel es maligno y entonces se les enseña a odiar mientras creen que se les está enseñando a amar. El clérigo marroquí musulmán Al-Maghili (d. 1505) mencionó que “El amor al Profeta, necesita odio a los judíos”. Aunque varios cristianos creen en la actualidad que tienen que amar a todos, introduciendo a los judíos, si uno quiere a Jesús y piensa que los judíos fueron causantes de su crucifixión, que comunmente conduce al odio de los judíos y ha resultado en la persecución bárbara de los judíos de parte de los cristianos en el pasado. Los dirigentes religiosos han usado la religión para justificar el accionar inmoral que deseaban llevar a cabo. Estas justificaciones se convierten en parte de la religión y conducen a un accionar inmoral bastante luego de que el jefe espiritual haya muerto. Por eso la religión que muchas personas piensa que contribuye a los creyentes a ser buenos, puede hacerlos bastante peor de lo que de otro modo serían. Varios ejemplos de uso de la religión para justificar un accionar inmoral se tienen la posibilidad de hallar en la página de Quién era Mahoma. Es sustancial indicar que la intolerancia del no fiel no se detiene en la religión.comunmente la gente con ideologías reglas fuertes son intolerantes a los no creyentes de esas ideologías además y creen en ellas tan fuerte y ciegamente como algún seguidor espiritual. Albert Camus estableció la analogía entre ideología y religión cuando detalló los escritos de Marx como las escrituras. Mencionó que nadie se volvió comunista por leer a Marx. Dijo:”Primero se convierten, después leen las escrituras.” Benjamin Kerstein en un artículo que se titula My Road to Damascus (frontpagemag.com 9/22/04) escribió que en el suburbio de Boston donde creció:”El liberalismo en su forma post-Vietnam, una clase de socialismo libertario cuasipacifista libertaria disparado por medio de una feroz tensión de racismo, era en todos los sentidos nuestra religión estatal. El Sr. Kerstein escribió sobre los principios de su religión y por qué la dejó de la siguiente manera: Yo suponía, antes que nada, que USA era una sociedad irremediablemente corrupta y maligna, establecida en el racismo, consolidada por medio del asesinato en masa, perpetuada por la opresión en el país y el imperialismo tiránico en el extranjero, y alimentada por un capitalismo psicótico de máquina que, por medio de su devastación ambiental y su hegemonía cultural, destruía el planeta mismo. La iniciativa de que USA era principalmente racista y, de hecho, que éramos principalmente racistas, y que si fuéramos gente decente debiéramos odiarnos a nosotros y a nuestro estado por esto, era sencillamente un artículo de fe que nadie, por muy buena razón, jamás tuvo la intención, la causa o el valor de cuestionar… En más reciente instancia, fue la iniciativa del universalismo, del totalismo; la iniciativa que el judaísmo tan legítimamente, en este momento me percaté, rechazó; eso fue lo que más me perturbó. La exigencia de una absoluta uniformidad de pensamiento y opinión, que había experimentado de primera mano en el ámbito liberal en el que crecí y al que, en un instante particular, había cooperado de todo corazón

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